El ozono en la desinfección del agua de la piscina

La aplicación del ozono beneficia el medio ambiente, porque se eliminan la mayor parte de los productos contaminantes que habitualmente están disueltos en el agua de las piscinas, y se evita así  que se viertan en las napas o se liberen al aire.

El agua de las piscinas es la principal responsable del grado de confort y de la calidad en la práctica de cualquier actividad en una piscina, ya que cuando nadan sus usuarios entran en contacto directo con ella. Su importancia es similar a la del pavimento deportivo. Pero además, dado que puede ser un medio de contagio de enfermedades, resulta que es indispensable disponer de un sistema de desinfección eficiente que garantice las condiciones higiénicas exigidas por la normativa sanitaria vigente.

La producción de ozono cerca del lugar de consumo, ya que su inestabilidad impide el transporte y el almacenaje. Puede generarse a partir de oxígeno puro suministrado en depósitos a presión o a partir del aire, que es la opción más habitual. El aire exterior se filtra para limpiarlo de impurezas, se seca para eliminar la humedad y se hace pasar por un tubo de cristal donde recibe una descarga de alto voltaje.

La inyección de ozono en el agua de recirculación, se hace habitualmente conectando un sistema Venturi en la salida de los filtros, que succiona el aire cargado de ozono del generador. En caso de que no funcione la filtración no hay adición de ozono y tampoco produccion.

Para poder garantizar el exterminio de la casi totalidad de los gérmenes que puede contener el agua, hace falta que esta permanezca en contacto con una cierta concentración de ozono. Esto se consigue intercalando en el circuito de recirculación del agua un tanque de reacción o contacto dimensionado para lograr un tiempo de contacto determinado.

La principal mejora que se consigue si se utiliza ozono en el tratamiento del agua es el beneficio para la salud que se obtiene al eliminar los subproductos de la desinfección con cloro o bromo. Los más familiares para el público en general, son las cloraminas, responsables del olor de las piscinas y de la irritación de los ojos y las mucosas. Pero aunque son muy desagradables, no son los productos más peligrosos para nuestra salud.

Hay otros combinados clorados, calificados de nocivos, cuya asimilación por parte de nuestro organismo se hace principalmente por absorción a través de la piel o por inhalación del aire de la superficie del agua.

También se obtiene un mayor confort al bañarse. No hay olores desagradables, ni se producen irritaciones o picor de ojos. Es más, se recuperan las cualidades organolépticas del agua pura, inodora e incolora.

Otro aspecto no menos importante es la reducción del impacto ambiental que produce la piscina con la disminución del aporte de cloro. Esta contribución es importante para la protección de la capa de ozono, donde el cloro es su principal destructor.

Gracias al ozono, el agua de la piscina presenta unas mejores condiciones, de manera que puede reducirse la cantidad de agua a renovar ya que de hecho se va regenerando continuamente. Esta regeneración es muy importante en un momento en que se prevé que el agua será probablemente el recurso más escaso del planeta.

La tecnología del ozono presenta un bajo riesgo de accidentes laborales del personal de mantenimiento. Su fuerte olor permite detectar cualquier escape de este gas, por pequeño que sea.
El ozono también resulta beneficioso para la conservación del edificio. La ausencia de cloro en el ambiente de la piscina reduce el carácter oxidante del aire húmedo y, por lo tanto, se reduce la oxidación de los elementos metálicos de la construcción, de manera que su mantenimiento se simplifica y su vida útil se alarga.

El hecho de fabricar el ozono en el lugar de consumo también evita el transporte de productos peligrosos y mitiga el riesgo de accidentes. Al mismo tiempo se reduce el consumo energético y la contaminación que se producen en el envasado y el suministro.